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Un poema de Miquel Martí Pol

  • Foto del escritor: ocaraf
    ocaraf
  • hace 4 días
  • 1 min de lectura

Ciertamente:

crear una buena conciencia pública,

razonable, dócil, sufrida,

no es cosa de cuatro días.

La rebeldía arraiga fácilmente

en el corazón de los hombres

y un golpe de viento inesperado

puede helar el fruto poco maduro.

Conviene que los logros sean sólidamente

preservados y conservados

en los invernáculos de la paz y el orden.


Entonces, compañero, te puedes sentar

delante de la TV

y no solo compadecerte

de los pobres vietnamitas

asesinados en Song My,

o verter lágrimas de efusiva ternura

por los centenares de miles de muertos

del Pakistán Oriental,

o admirar la blanquísima túnica

del peregrino de la paz

entre los charcos de los barrios pobres

de Manila,

o incluso, reprobar,

entre sorbo y sorbo de coñac,

la injusticia desatada

sobre los negros y los árabes,

sin olvidar -¡lujo de ricos!-

que mañana y cada día

te chuparán la sangre durante doce horas,

y que al lado

y dentro mismo de tu casa

se instala, día tras día,

la ordenada, metódica castración,

y que también gracias a ti

y a tanta gente estéril

se consolida y perdura el espectáculo.










 
 
 

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